Cuando llegó a Granada nadie presagiaba el éxito que iba a conseguir este donostiarra en los fogones granadinos. Se da la curiosidad de que ni en la fachada ni en la entrada del hotel Villa Oniria, donde inició su trayectoria granadina, nunca figuró cartel alguno o indicación de que en el interior existía un restaurante. Álvaro Arriaga, con su trabajo, algunos artículos en los medios y su saber hacer logró hacerse notar, convirtiéndose en dos años y pico en uno de los referentes más destacados de la gastronomía en la capital de la Alhambra.

En noviembre de 2010 arranca el proyecto ‘Tartessos Álvaro Arriaga’, un espacio donde se junta la cultura y la gastronomía. En junio de 2011 la palabra ‘Tartessos’ desaparece del nombre del restaurante, quedando ‘Arriaga’ como único nombre del restaurante. A estas fechas se suman otras de gran importancia, como la trasladando el equipo del restaurante allí donde se realice el evento contratado. También en marzo de 2014 nace ‘Caradura Bistrot’, un espacio informal, casual, divertido y de raciones, que mantiene la calidad del producto y la elaboración artesanal de las recetas.

Hombre abierto, campechano y afable se ha hecho amigo de todo aquel que se ha sentado en sus mesas. Meticuloso en los fogones, apoyado por un buen equipo que él mismo ha formado y coloquial, ha conseguido que comer sea toda una fiesta culinaria de excelentes materias primas, servidas en su justa textura. Y bien regadas con los caldos de su bodega.

Pero no crean que Álvaro se ha hecho cocinero en Granada. Su formación se ha forjado en selectos restaurantes de Chicago y Washington, sin olvidar sus primeros pasos en la escuela de cocina de San Sebastián con famosos cocineros del País Vasco, entre ellos Pedro Subijana. Tras su periplo americano fue a Benalmádena con Iñaki Muguruza al restaurante Mar de Alborán, desde donde se trasladó a Granada.